domingo, 27 de mayo de 2012

¡Están tontos del culo!


Tal que mantra budista, llevo dos días repitiendo mentalmente: ¡Están tontos del culo. ¡Están tontos… ¡Están…
Verán: todos los estuches que aparecen en la fotografía me los endilgaron “gratis” y de una tacada, en el centro de alimentación donde ayer hice la compra. Luego van los muy miserables y me cobran los consabidos cinco céntimos por una mierda bolsa porque -¿no lo saben?- las bolsas si se pagan no contaminan; y así de paso -dicen- nos animan a llevar la nuestra de casa. Ya me explicarán qué pedazo bolsón pretenden que llevemos encima todo el día, para que quepa tamaña "estuchada".
¡Están tontos del culo! 

Pero ahí no queda la cosa.
Estoy haciendo cola en una de las cajas, cuando se me acerca una empleada que amablemente me invita: -Pasa por aquí
Yo, como una bendita y creyendo que va abrir otra caja la sigo; pero ¡oh sorpresa, me conduce a una de esas del hágaselo todo usted mismo. Le digo que no, que esas cajas no me gustan pero, como porfía amablemente que ella me ayudará, claudico. Y sí, se pone a pasarme los artículos para, al acabar, dejarme allí con la recomendación de que si me pita algo la llame. Lo siguiente fue tomarme la molestia de averiguar cómo se pagaba. O sea, que además de los estuches que pretenden que recicles; tú te pesas los productos; tú te los pasas por caja; tú te los pagas y te los cobras. Y todo sin obtener beneficio alguno.
¡Están tontos del culo! 

Desde aquí quiero sugerirles a los benditos Indignados que no empiecen la casa por el tejado: menos protestar por el Ibex, La Prima de riesgo… (la mayoría ni sabemos de qué va la cosa) y más    -si no quieren ver esfumados más futuros empleos- por este abuso que representa el hágaselo usted mismo.

Y para empezar ahí van tres ideas.
*Nada de separar por grupos esa animalada de desechables que nos meten con toda la jeta: que se creen puestos de "recicladores".
*Nada de hacer de auto cajeros: que pongan gente para cobrar y atender a la clientela; tanto en las grandes superficies como en las estaciones del metro, por ejemplo. 
*Nada de hacer las gestiones bancarias mediante el cajero automático: que nos atienda un emplead@ de carne y hueso.


miércoles, 23 de mayo de 2012

Precio de alarido

Leía hace unos días que se ha vendido el cuadro El Grito de Edvard Munchpor por 91 millones de € o sea, nada.
A mí la obra no me desagrada; pero también me gustan -y mucho- los garabatos que realiza el pequeño hijo de unos amigos.
El niño en cuestión tiene cuatro años y medio y le da al lápiz, boli, rotulador, pincel, o lo que se tercie, que es un primor. Cuando viene a casa -siempre bien provisto de sus artilugios de pintura- hay que procurar no perderle ojo, para que no deje en paredes o puertas su impronta pictórica. Claro que, a la vista de lo que se ha pagado por el cuadro del aullido sólo porque alguien haya decidido que es una obra maestra, estoy empezando a rumiar si no será un error, impedir que la criatura despliegue su talento allá por donde le plazca. Quién sabe: igual convierte a sus padres, familia y amigos en futuros millonarios.
La paradoja está en que los padres del pequeño artista, amantes del arte y presumiendo de entendidos: coleccionan alguna que otra obra de la misma onda del chillido ese, por las que han debido pagar su buen dinero; al parecer no se han enterado, del diamante en bruto que tienen en casa.

Como 91 millones de € encuentro que es mucho dinero por un trozo de tela pintada que no llega al metro x metro, he preguntado por aquí y por allá: ¿De verdad creéis que algo puede tener tanto valor crematístico? De todas las respuestas, ésta es la que más me ha convencido: “Las cosas tienen el valor material que alguien esté dispuesto a pagar por ellas”

Entonces el quid de la cuestión es: ¿Cómo diablos se conseguirá que algún gurú de arte se interese por los trabajos de una? Porque, oigan, aparte del amiguito pintor, la Chinche también tiene buena mano, especialmente con el rodillo y la brocha gorda que abarca más y, en un santiamén, les decora todo el salón por poco dinero.











A ver quién se aventura a decir que esto no es arte en estado puro




Pues ¡hala! a pujar






jueves, 10 de mayo de 2012

El zapato y su horma

Que se ande con ojo el Señor Rajoy ya que,  como sea malo y a poco que se despiste, le puede aterrizar a las puertas de La Moncloa una delegación  argentina con la inefable Cristinica a la  cabeza, dispuestos a ponerle de patitas en la calle: ¡Estos argentinos son la repera!
No, ahora en serio, -al margen de que habría que empezar a preguntarse: quo vadis Argentina?- la multa a Telefónica no ha estado mal del todo y como además, ha sido de prepotente a prepotente pues: ¡Toma ya!
En España sabemos y mucho, de la prepotencia de Telefónica en los tiempos en que fuera soberana absoluta, del mejor sistema de comunicación del momento y aunque eso, afortunadamente ya sea prehistoria, parece que la susodicha no se había enterado hasta que se ha encontrado con la horma de su zapato.
Sería muy largo de explicar aquí y ahora, la de putadas que hemos tenido que soportar en casa, por parte de esta compañía. Sólo citaré las tres últimas (a la tercera fue la vencida), que ocasionaron el darnos definitivamente de baja de todos los servicios que teníamos contratados con ella. 

Primera: hubo que esperar más de seis años a que se decidiera a instalar línea en la casa de un pueblo, donde el resto de casas ya disponían de teléfono (o sea, que el tendido estaba hecho). En este pueblo y hasta hace apenas dos años, la cobertura para móviles era nula, así que: si querías comunicarte con alguien, había que hacerlo a través del teléfono público; al revés era lo mismo y venían a avisarte a casa. 

Segunda: ya con línea, de tanto en tanto nos llegaban en la factura llamadas a números desconocidos, que no se habían realizado. 

Tercera: después de que familiares y amigos preguntaran  qué pasaba con el teléfono que, o comunicaba o estaba mudo, lo primero que había que hacer al llegar a la casa era comprobar que teníamos servicio, pues al parecer -tardamos en enterarnos-  al ser una línea poco utilizada, la cortaban porque sí: pero las facturas seguían cayendo alegremente como si nada. 

Conseguir que alguien te atendiera en la correspondiente reclamación resultaba toda una odisea: normalmente te topabas con la “Graciela” de turno que no te entendía y pasaba el marrón a otr@. Y así hasta que el cabreo ganaba y terminabas colgando.  En un principio casi logran hacerme creer que la negada era yo, por no saber comunicarme hasta que, leyendo por aquí y por allá, descubrí: que los ceporros éramos legión; que te pueden estar atendiendo desde las quimbambas y sin tener ni pastelera idea de cómo hacerlo; que por mucho que parezca que hablan tu mismo idioma, a duras penas lo entienden; que… 

Así pues, Argentina, por una vez y sin que sirva de precedente: ¡Sos macanuda!
(Confío haberme expresado bien)



viernes, 4 de mayo de 2012

"En la bandera de la libertad..."




LIBERTAD: vocablo chulo donde los haya, aunque para much@s puede que sólo sea una  simple palabra. Pura entelequia. Pero no; doy fe de que es tan real como usted que está leyendo esto, o yo que lo estoy escribiendo y para colmo está al alcance de cualquiera. Lo dice una que fue, es y será  siempre libre y sabe de su grandeza.
¡Toma ya filosofía barata! Mejor aún, gratuita. 

El día 1 de mayo me fui a comprobar in situ, la cantidad de asistentes  a la reiterativa  mani de cada  año, para  saber luego quién tendrá más razón: si los que hablarán de un millón de personas (los organizadores) o de diez mil (la guardia urbana).  Curiosee deprisa y corriendo, no fuera caso que también  me contabilizaran a mí que nunca he secundado ni secundaré, una de estas  concentraciones corales  donde unos pocos ordenan y los demás, cual gregario rebaño de borregos, acatan.
Y esta fue, precisamente, la triste impresión que saqué viendo a los portadores de  banderas de distintos colores (un trozo de tela triste, canta Jorge Drexler); marchando al son de tambores -no es metáfora-: los tamborileros, se ve que  no tienen suficiente con sus fiestas de barrio y se apuntan ya a  cualquier bombardeo.
¡Qué patético me pareció todo aquello!

He conocido un puñado de unos de mayo, con esas salidas callejeras más en tono festivo que reivindicativo: puro disfrute para aquell@s sin oportunidad para irse  a la playa o al  campo. Y es que, los machacas también tienen derecho a entretenerse en esta “fiesta” que celebra algo  tan poco festivo como es, el día del trabajador.
Por cierto: ¿Cuándo es el día del empresario?   

¡Vale! En esta ocasión la crispación generalizada se palpaba. La crisis de las narices parece estar dando palo tras palo  pero, ¿no seremos todos un poco culpables de la situación actual? El que esté libre de culpa que lance la primera piedra.
Se despotrica por sistema del gobierno de turno, sea de la onda que sea. Con lo sencillo que es no votar a nadie y se acabó gobierno y gobernantes.
Ven: eso es LIBERTAD en estado puro.
Que no es posible llevarlo a la práctica ¿dicen?: yo, con toda mi insignificancia,  lo he llevado, llevo y llevaré y no me han ido tan mal las cosas.
Nunca he votado, nunca iré a votar y, mientras tenga la cabeza sobre mis hombros y dentro le quede aunque sólo sea una neurona, continuaré creyendo que la única reina, ministra, presidenta, concejala, jefa o lo que se tercie, de mí misma, es la ídem.
Sí, ya intuyo la pregunta: ¿En el trabajo también eres libre?   Pues sí, porque mis horas empleadas en trabajar las contemplo como tiempo alquilado y, al igual que un piso en alquiler sigue perteneciendo al propietari@; mi LIBERTAD continúa siendo mía.







 


jueves, 26 de abril de 2012

George Orwell que estás en los cielos


Siendo el voluntariado una de las prácticas que más dignifican al ser humano, si se desarrolla con mala praxis el resultado puede  ser  contrario al esperado y deseado.
Quien decida llevar a cabo alguna labor filantrópica tendría, por encima de todo, hacerlo movido por un deseo sincero de ayudar; pero jamás, jamás, para salir en la foto ni  hacer ostentación gratuita de su buen corazón.
El voluntariado bien entendido tiene que ser callado, anónimo y, sobretodo, poniendo a funcionar la empatía al cien por cien.
Sirva este breve preámbulo como opinión personal, sobre la noticia que leí hace unos días en no sé qué periódico  y que transcribo extractada a continuación.


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El Ayuntamiento de Barcelona y unas cuantas entidades idearon un plan a pequeña escala: vigilarían de cerca a sus mayores, sin inmiscuirse. Lo empezaron a hacer en Gràcia, donde se establecieron lo que denominaron radares, o lo que es lo mismo, voluntariosos vecinos y comerciantes que estarían ojo avizor ante cualquier cambio de actitud de una persona mayor previamente detectada, siempre bajo su consentimiento y el de su familia, si es el caso. El proyecto ha madurado y empieza a extenderse a más zonas con el objetivo de implantarse en toda la ciudad.
Su misión es la de estar atentos ante cualquier señal anómala, si ven a la persona peor vestida, si al encontrársela por la calle les ha parecido algo despistada, si ha dejado de ir, por ejemplo, a comprar el pan o a la farmacia, si antes oían desde su casa el sonido de la tele y ya no... En ese caso, dan la voz de alarma a los servicios sociales. En este pionero barrio unas 220 personas cuentan con un seguimiento telefónico reforzado con la colaboración de voluntarios de la Creu Roja y el apoyo de unos 200 vecinos y comerciantes que hacen de radar.
PUERTA A PUERTA: Ese puerta a puerta es el trabajo previo a elaborar la lista de las personas a las que hay que vigilar, una labor que ahora se está acabando de llevar a cabo en el Coll por parte de dos equipos de voluntarios de Amics de la Gent Gran, y que consiste en visitar uno por uno los pisos del barrio para explicar el proyecto a los mayores y para fichar a vecinos y comerciantes como radares.
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La buena intención de quienes pretenden llevar a cabo el proyecto no se cuestiona; pero, y la empatía: ¿dónde han dejado la empatía?
¿Habrán tratado en algún momento ponerse en lugar de las personas a vigilar? (Bajo su consentimiento -dicen- ¡Venga, ya!)
¿Pueden responder en nombre de qué o quiénes se erigen en guardianes de otros?
¿Qué colectivo puede ser el siguiente en estar en su punto de mira? 
Da “yuyu” sólo pensarlo.



lunes, 23 de abril de 2012

A reír que son dos días


Continúa pareciendo que la dichosa crisis y sus incondicionales aliados -léase medios  de desinformación-,  persisten en su cruzada particular de acojonar al personal, a fuerza de brindar una visión  catastrófica de la época que nos está tocando vivir.
Por eso, es de agradecer la apertura de la veda y el entrar a saco en todo lo  concerniente  a la familia real española, dando la oportunidad a los españolitos de a pie -humanos al fin- reírse a mandíbula batiente de la nobleza. Porque, lo que nos estamos divirtiendo -al menos yo- a costa de la escoñada del rey en su aventura paquiderma;  el nieto y la pistolita (¿o era escopeta?);  un yerno y sus “frikadas”  el otro y sus “chorizadas”; no tienen precio.
¡Qué familia más divertida y cuánto juego proporcionan!
¡Menuda competencia les ha salido a los cómicos de profesión! 

No obstante, a mí como que me  está empezando a dar en la nariz  (desconfío ya hasta de mi sombra), de que toda  esta movida real no sea más que una cortina de humo para entretener al populacho, permitiéndole echar unas risas y de paso despotricar en arameo; algo que al parecer ayuda mucho a liberar tensión.
Pero oigan: montaje o no y aunque  sólo sea a  base de bufonadas, está muy bien que se ganen el sueldo.

Desde estas líneas, abogo por la creación de una distinción honorífica para esta impagable familia, que tantos buenos momentos están haciéndonos pasar en tiempos tan difíciles.
Claro que también habría que hacer una mención especial, a toda la payasada que nos llega de fuera. Hay tantos bufones y son tan endiabladamente buenos que la lista sería interminable; así que, por citar a alguien, nombraré a dos: el asesino noruego y la “presi” argentina. 

El uno: presumirá todo lo que quiera de pertenecer a una raza superior, pero verle con ese  parar de chulo merendero que la madre naturaleza le ha otorgado, consigue que las ternillas se te hagan añicos. No. No hacen ninguna gracia sus atroces crímenes; pero con él y sus chulerías me pego unas “jartas” a reír que ni les cuento.
La otra: (¡qué mal me cae esta tía!) quien para hacerse popular, no dudó en echar mano de la lástima por su condición de viuda; ni al hipotético padecimiento de un cáncer  de los peores que pueden aquejar a un ser humano. ¡Tiparraca! Sólo por eso ya se merece la befa, la mofa, la cuchufleta, la pedorreta... Y si añadimos que sus arreglos faciales le confieren minuto a minuto, cara de momia, pues…

En fin: a reír que son dos  días

domingo, 8 de abril de 2012

La Chinche busca periódico


Tras pasar definitivamente de la “caja tonta” y   de consumir diariamente prensa de papel, me disponía a regresar al redil en esto último  y volver a comprar cada día  el diario La Vanguardia  y no sólo sábados y domingos; pero este fin de semana después de ver un  anuncio en la sección  laboral y una viñeta de un tal Kap (la coloco abajo), que viene a sustituir a las que nos  servían Ventura & Coromina; he vuelto a replanteármelo. 

El anuncio en cuestión ofrece trabajo para hacer en casa (llevan la tira de años  publicando el mismo anuncio), prometiendo las frioleras ganancias de 2.500  euros al mes (¡toma ya!). El número al que se ha de llamar comienza con un 902. Todos sabemos que estos números sólo encierran estafas. Todos sabemos que esas ganancias son del todo imposibles; mas, en los tiempos que corren  de escasez de empleo, seguro que todavía queda algún infeliz desesperado que no lo sepa. Y por otro lado está aquello, de que no se obliga a nadie a llamar. Y sí, tienen razón; pero mientras que en los anuncios de puterío no se engaña: son venta y compra sin más; en este caso se trata a todas luces de  una estafa.  La Vanguardia lo sabe y lo continúa publicando: el euro es el euro. 

A este diario le sigo -seguía- mostrando fidelidad por dos motivos: sentimental y de agradecimiento.
Lo primero porque desde que tengo uso de razón, es el periódico que ha entrado siempre  en casa.
Lo segundo porque gracias a él, conseguí uno de los mejores empleos que he tenido en mi vida y, en otra ocasión, tuvieron  la gentileza de regalarme una pluma Montblanc por un articulillo que les envié: precisamente una de las cosas más malas que he escrito en mi vida.
No deja de ser curioso que si lo que escribes va a su favor, si no les haces ninguna crítica por muy constructiva y correcta que sea, todo irá bien; pero ¡ay! a la más mínima observación en su contra.
Supongo que es  lógico que así sea: están en su jardín y allí sólo entran a jugar los que les siguen su juego. 

En vez de estar aquí contando todo esto, me gustaría dirigirme directamente al periódico pero, seamos realistas: la carta no pasaría de la lectura del becario de turno; mientras que si la envío directamente al Twitter de las narices, puede que tenga más posibilidades de ser leída por quien corresponda.
Y ya puestos, añadiré que siempre  he considerado a La Vanguardia como un diario chaquetero, bailando al son de los que mandaran en el momento (la viñeta humorística es una prueba de ello): en otro tiempo no hubieran osado publicarla.
Y ahí va más: no me gusta el estilo amarillista que le dan a las noticias, ni esos titulares que ni un niño de primaria construiría tan mal, en cuanto a sintaxis se refiere.
Y para acabar, comunicarle que me borro como seguidora del diario,  al menos hasta que se me pase la pataleta. 

Como me gusta estar informada -o desinformada- de lo que acontece en el mundo mundanal, he tratado de buscar  alternativa a este diario. Ha sido como saltar de la olla para caer en la sartén: todos son iguales.
¿De verdad no existe ningún periódico imparcial, que no responda a la voz de ningún amo y que sirva las noticias con  veracidad y buen estilo periodístico?